Los suricatos son animalitos graciosos a nuestros ojos. Están todo el día erguidos, mirando muy atentos. Desde pequeños, los adultos enseñan a los cachorros que deben observar, mirar, vigilar. Siempre en busca del peligro.
Un día como otro cualquiera amanece en la madriguera de los suricatos. Hace tiempo que no llueve y el aire está seco, con el amanecer comienza el calor y el polvo se respira junto al aire puro, a veces la arena se mete en los ojos y hay que esperar a que las lágrimas la saquen antes de volver a ver con claridad.
El abuelo anima al pequeño suricato a salir, tienen que vigilar.
– ¿Por qué tenemos que mirar tanto? – Preguntó el pequeño.
– Porque hay muchos peligros
