¿Alguna vez te has parado a pensar quién eres?

Mirando atrás, he observado mi propio proceso en busca de la identidad y lo he sintetizado. He detectado estos pasos y he llegado a una conclusión que quiero compartir contigo por si te fuera de utilidad.

Suponiendo que lo que he observado en mí fuese aplicable al resto de personas, podría decir que todo comienza cuando nos damos cuenta de que existimos, no sé en qué momento sucede esto pero imagino que es a partir de ahí cuando comenzamos a preguntarnos quienes somos. Tras mirarnos a un espejo y confirmar que eso que vemos somos nosotros. Tal vez sea ahí es cuando aparece la duda ¿Quién es esa persona del espejo? ¿Quién soy yo?

Reconocer que no lo sabemos es el punto siguiente, pero claro a esto le sigue la búsqueda de la respuesta y la irremediable sensación de angustia porque no la encontramos, aunque hay quien consigue responderse satisfactoriamente, estemos los demás de acuerdo o no, él considera que esta pregunta la tiene respondida y puede encaminar sus esfuerzos hacia otras metas.

Mi sensación es que la respuesta que yo busco a esa pregunta es tan complicada que no la podríamos comprender si nos lo explicaran. Creo que el pensamiento de cada persona está dentro de un mecanismo que es más complejo que el pensamiento que es capaz de producir, por lo tanto, es demasiado complicado para ser comprendido por sí mismo. La mente humana puede explicar cómo funciona la mente de una hormiga, pero no la suya propia. Necesita un conocimiento superior para poder explicarse.

La existencia es demasiado complicada
para ser comprendida por
quien está existiendo.

Para que una explicación contenga una definición, la explicación debe abarcar más que la propia definición. Por lo tanto, el ser humano necesita ser más que él mismo para poder explicarse y, por supuesto, comprenderse.

En el punto en el que yo me encuentro y hasta donde puedo transmitir dentro de la honestidad de creer realmente mis palabras, me gustaría decir que no sé ni quién ni qué soy, pero tampoco lo necesito.

Y esto nos lleva al siguiente punto del proceso, la aceptación sin angustia.

Para mí es una pregunta que no se puede responder, entonces lo mejor es dejar de atormentarse buscando la respuesta. Admito que no sé qué o quién soy, ni pretendo averiguarlo. Desde la tranquilidad de reconocer mi ignorancia y sin la angustia de necesitar una respuesta, puedo trabajar en mi desarrollo personal, en avanzar y sobre todo, en ser más yo. Dejar de sentirme culpable por hacer cosas que no sé por qué las hago y al contrario.

¿Cómo puedo ser más yo si no sé quién soy? Creo que es tan simple (y complicado) como hacer aquello con lo que me siento cómodo y no me genera sentimientos de culpa.

Es muy estresante intentar hacer lo que se debe pensando que es eso lo que quieres y sentirte culpable por no hacerlo o hacerlo mal. Creo que es más relajante saber cuáles son mis motivaciones, qué quiero, qué busco… aunque al final haga lo que “debo” hacer, pero al menos sabiendo por qué lo hago.

Aceptar mis motivaciones es una forma de aceptarme a mí.

En la búsqueda de la identidad es importante aceptar la ignorancia y centrar nuestros esfuerzos en ser más nosotros.

 

¿Empleas tus fuerzas en averiguar quien eres o en ser tú?


 

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2016-10-24T21:11:24+00:00

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