Desde muy pequeño he vivido la falta de respeto hacia los menores, la idea de “que vaya el niño, que para eso es el niño” es algo que me ha tenido obsesionado durante 30 años. ¿Por qué el niño es menos por ser niño? Estoy convencido de que existen otros motivos por los que el niño debe hacer lo que se le dice y no sólo “porque es el niño”. No digo que haya que cambiar lo que se le pide, sino por qué se le pide. Eso es el respeto a la persona.

Si a alguien no le importa ir con la ropa sucia, puede incluso ser algo digno de alabanza, porque significa que no está pensando en el qué dirán (aún). Un adulto puede tratar de rectificar esa conducta, pero no podrá obligarlo a que no quiera ir así. Respeto es aceptar que a él no le importa, y desde el respeto se le puede obligar (o animarlo, o pedírselo) a que se cambie de ropa, pero aceptando a la persona.

Quiero insistir en esta idea: Respetar a la persona significa aceptarla como es y con sus motivaciones, no significa permitir que haga siempre lo que quiera.

Un niño de 3 años con un problema de metabolismo puede querer comer dulces, pero si eso le va a hacer ponerse enfermo será responsabilidad de sus padres evitarlo. No estoy, por lo tanto, proponiendo que los padres deban permitirlo todo, sino que deben manejar qué están intentando conseguir y qué tiene sentido.

Es normal que un chaval de 16 años quiera saber qué se siente al beber alcohol, y al conducir a 200 km/h y que quiera disfrutar del sexo. Todo esto debe ser respetado ya que sea lo que sea lo que quiere, lo quiere porque su naturaleza o su entorno así se lo están proponiendo. Como personas, no somos responsables de nuestras inquietudes, pero sí lo somos de lo que hacemos con ellas y para que un adolescente pueda manejar adecuadamente una inquietud delicada (como el sexo) lo que necesita es información.

El respeto a la persona que desea es importante para establecer una comunicación efectiva. El sistema antiguo de considerar que el deseo es pecado es un ejemplo claro de intentar que no seamos lo que somos y por lo tanto una muestra de falta de respeto hacia lo que somos (la persona).

Cuando una persona siente que el otro interlocutor comprende sus inquietudes, escuchará con más interés lo que le está diciendo.

Entender que una niña de 12 años prefiera chatear que estudiar es importante para respetar su interés y desde ahí hablar para que deje el ordenador y estudie.

Aquí creo que hay una idea muy importante y por eso la repito e insistiré en ella, no estoy proponiendo que los padres permitan las conductas que van en contra de lo que quieren inculcar a sus hijos, sólo animo a que lo hagan desde el respeto a las motivaciones de estos.

Imagino que, llegados a este punto, la pregunta es ¿Cómo se hace eso? Creo firmemente que el “cómo” es diferente en cada persona, pero tal vez pueda ayudar a los padres si antes de actuar, piensan en el siguiente proceso:

1) Comprendo que quieras lo que quieres.

2) Acepto que eso es lo que debe ser. No hay nada de malo en la persona por querer eso.

3) Mi experiencia me dice que la acción debe ser otra y por tanto debe cambiar la acción (no la persona)

4) Yo necesito de ti que modifiques un comportamiento.

Pensar de este modo puede ayudar a comunicarse de una forma más empática y por lo tanto mejorar la recepción del mensaje por la otra persona (el hijo o la hija).

Eliminamos el discurso de “No te hago caso porque no me comprendes”. No es una barita mágica, pero supone un obstáculo menos.

Una vez que respetamos a la persona, el siguiente paso es hacérselo ver. Demostrarle que comprendemos lo que siente y compartir con él o ella los motivos por los que estamos intentando un cambio en su conducta. No hace falta que acepte los motivos, sólo que sienta la comprensión y el respeto.

Intentar que un niño o un adolescente acepten los argumentos de sus padres como válidos puede ser una misión imposible. Pero si sienten que los padres tienen un motivo y que lo hacen con amor y comprensión, aparecerán menos obstáculos en el camino.

De nuevo insisto, no es cuestión de que la otra persona llegue a convencerse de que lo correcto es dejar de jugar y comenzar a estudiar, sólo (nada más y nada menos) propongo que sepa que es comprendido y respetado.

Por poner un ejemplo, puedo hablar de algo tan sencillo como pedirle a un chaval que baje a comprar el pan. He visto muchos momentos en los que los padres dan esta orden (que no petición). La pregunta lógica de la persona que recibe esta instrucción suele ser ¿Por qué yo?

Y yo me pregunto ¿Por qué él?

Te animo a pensar en esto un momento. ¿Existe un motivo por el que sea el menor quien deba ir a por el pan, o levantarse de la mesa a por el agua?

Piensa en tu respuesta. ¿Está argumentada o es un “porque así deben ser las cosas”?

¿Qué harías si en el trabajo te hicieran las peticiones con esta misma argumentación? ¿Cómo te sentirías si por ser el nuevo o el de menor edad tuvieras que hacer el café?

Claro que hay motivos por los que debe ser el chaval (o chavala) quien vaya a por el pan. Encuéntralos y exprésalos. Respeta a la persona y haz que se sienta respetada indistintamente de la discusión sobre quién debe bajar a por el pan.

Conseguir que baje sin obligarlo es otra cosa. Pero al menos no se sentirá menospreciado y la base de la relación no se dañará.

Encuentra los motivos que justifican tus peticiones para comunicarte desde el respeto a la persona.

Aunque las palabras sean las mismas al imponer con y sin motivo, la energía que se transmite, los tonos, los gestos no son iguales y eso se nota de alguna forma inconsciente. Creo firmemente que si los padres encuentran los motivos objetivos y respetuosos, no necesitarán expresarlos excelentemente. Sólo el hecho de conocerlos y hablar desde la objetividad hará que la comunicación sea menos perjudicial para la relación. Esto puede marcar la diferencia entre una comunicación sana y un entorno tóxico.

Seas padre, madre, hijo o hermano y sea quien sea con quien estás hablando, ten en cuenta que él o ella se comportan exactamente igual que lo harías tú en su situación. Respétalo como te respetarías a ti si fueras él.

Y una de las cosas que demuestran el respeto es la escucha. Atender a los argumentos del otro es demostrarle que lo aceptas como legítimo otro.

Recuerda que para él o ella, su punto de vista es el correcto. Desde que nace, piensa que él es todo el universo que existe y poco a poco irá descubriendo que hay más personas y que el mundo es una sociedad en la que él es una pieza como las otras. Exactamente igual que te pasó a ti, aunque no lo recuerdes.

Es una característica del ser humano pensar que la información que tiene es toda la información que necesita y por lo tanto, tiene razón. De no ser así, estaríamos siempre dudando y nunca actuaríamos. Es responsabilidad de la persona más experimentada aceptar al otro como legitimo argumentador y que uno mismo podría estar equivocado.

Por lo tanto, es responsabilidad del adulto conseguir que exista diálogo, porque la persona con menos experiencia no tiene los conocimientos suficientes ni la apertura mental necesaria.

Escuchar lo que el otro quiere decirnos desde el respeto es importante para que el otro sienta que su opinión es tenida en cuenta.

Por escasos que sean sus argumentos, si no siente que han sido atendidos pensará que no es respetado y que puede tener razón, pues la opinión del otro no considera su versión de los hechos.

Si se impone la orden desde la “no escucha”, la otra persona sentirá el peso de la injusticia.

El respeto implica atender a los argumentos del otro, aunque creas que sabes lo que va a decir.

Escucha a la persona. Aunque sea un niño y sus argumentos no tengan mucho peso, es todo lo que tiene como persona. Respétalo.

Además, muchas veces, la limpieza de los argumentos es tan positiva, que si los escuchas desde el respeto, puedes aprender mucho. Puede servir para cuestionarte (y por tanto aprender) lo que considerabas evidente.

Existen métodos de comunicación para dejar esto más patente, hay formas de componer las frases que ayudan mucho en este sentido, pero eso exige una formación más completa. En cualquier caso, aunque se pueda mejorar la aptitud, aquí y ahora animo a cambiar la actitud ya que es algo imprescindible, es lo más complicado, depende sólo de la persona y por sí es suficientemente positivo.

2016-10-24T21:11:31+00:00

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