Me gustaría compartir una experiencia que me sucedió el otro día y que sirve para ilustrar cómo se pueden aplicar en el día a día esas grandes enseñanzas que parecen diseñadas para grandes momentos.

Como antecedente diré que uno de los conceptos que defiendo en mi modelo de coaching es que las cosas malas suceden y que no estamos en un cuento de hadas donde sólo por desearlo con fuerza, dejan de estar ahí. Una vez que han sucedido, las podemos aceptar y actuar en consecuencia, en vez de recrearnos en la queja y el victimismo.

A parte de esto, el otro día escuche a un coach, decir “cuando me enteré de que tenía cáncer, me dije que esto tenía que servir para algo”.

¿Cómo se pueden usar estos dos conceptos en el día a día? En lo que nos pasa constantemente. En esos momentos pequeños. ¿Cómo podemos aprovechar estas dos ideas en cosa banales, cotidianas…?

Aquí es donde entra mi experiencia.

Me sucedió que iba a grabar un vídeo sobre comunicación y cuando ya lo tenía todo listo, los obreros que había debajo de mi casa comenzaron a trabajar con una taladradora.

Lo primero que pasó por mi cabeza fue: “Las cosas suceden ¿Qué vas a hacer ahora?”

Sentía que esto era una faena y punto. Tenía la cámara lista, el discurso más o menos preparado (no suelo prepararlo mucho), la luz adecuada.  ¿Qué iba a hacer? Nada. Esperar sin desesperar. No era tan importante. Dejé de quejarme y me dispuse a aprovechar el tiempo en otra cosa.

Y entonces me vino el otro pensamiento: “¿Cómo vas a aprovechar esto?”

Inicialmente rechacé la idea. “¿Aprovechar?”. “¿Aprovechar qué?”

Me dí una oportunidad para buscar el beneficio… y lo encontré. Grabé el sonido de la máquina y modifiqué el discurso.

El vídeo quedó así:

2013-06-28T17:27:19+00:00

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