Por qué vs Para qué [5 minutos]

Hace mucho tiempo escuché a alguien decir que si te cuesta responder a los insistentes “¿Por qué…?” de los niños, pruebes a responder como si hubieran preguntado “¿Para qué …?”. Resulta que esta pregunta es más fácil de responder y, me atrevo a añadir, que es más útil. 

Los “porqué” suelen ser motivos del pasado y cuando hacen referencia a la persona, suelen ser un reflejo de sus creencias  o convicciones. Conocer este tipo de información está bien, pero muchas veces bloquea y nos atascamos en averiguar las raíces de algo, cuando lo que realmente nos movilizaría será averiguar (o definir) el para qué. 

Vamos a hacer un ejercicio para ti. Creo que de esta forma comprenderás mejor la mecánica de esta forma de pensar para luego aplicarla con tus hijos.

Imagina que estás en un trabajo que no te gusta e insisténtemente te preguntas por qué estás ahí. Atender a esos «por qué» te permitirá averiguar los pasos previos y las circunstancias que te llevaron hasta ese lugar pero ¿te has preguntado para qué estás ahí? Lo que quiero que te plantees es que, tal vez, no sea tan importante por qué estás en ese trabajo que no te gusta, como encontrar un “para qué” que te motive. 

Estás donde estás y hay muchos motivos y eventos que te han llevado a ese lugar, la cuestión es ¿recuerdas qué objetivos tienes? ¿par qué lo mantienes? ¿qué necesitas que te ofrezca para seguir yendo?

Este cambio de foco en el pensamiento es tan importante, que cuando trabajo con chicos, a veces me dicen que no saben por qué están aquí (en el mundo) y yo los ayudo a decidir para qué quieren estar.  Cambiamos la mirada, porque no es tan relevante conocer los antecedentes como definir las metas. Lo primero no lo puedes cambiar y lo segundo es tu decisión motivadora. 

Volviendo al ejemplo del trabajo, tal vez has pensado que el “para qué” no lo defines tú o has encontrado un “para qué” poco motivador. Precisamente he puesto ese ejemplo porque es un caso muy común y que se puede aprovechar para mejorar nuestra forma de pensar.  

Si el “para qué” formal (que sería, ganar dinero, etc…) es poco interesante, te propongo que indagues en torno a tres cuestiones más:

1) El “para qué” del “para qué”

2) ¿Para qué más? ¿Qué motivos añadidos tienes?

3) A parte de todo esto, a parte de lo que ya has dicho ¿Para qué irías a trabar? Piensa en nuevos motivos. 

La primera cuestión persigue comenzar a aclarar la razón motivadora. Es decir, un “para qué” que te anime a actuar y a seguir. Si “ganar dinero” no es una respuesta motivadora, pregúntate “¿Para qué quiero ganar dinero?” y continúa hasta que encuentres algo que te resulte afirmativo y positivo. Recuerda que «es de sentido común» o «es evidente» son barreras que te impiden llegar a tus auténticos motivos.

El segundo punto, quiere responder a la pregunta “¿Para qué más?”. Es decir, encontrar más motivos. No es una indagación de profundidad sino lateral, para ayudarte a encontrar otros motivos diferentes que ya existen y que no has verbalizado aún. 

El tercer punto … adivina… tiene el mismo objetivo que los anteriores, pero en este caso se trata de descubrir que, si decides no cambiar el contexto (o mientras lo haces), puedes crear motivos propios para continuar haciendo lo que haces.

Si algo te estorba en tu vida,  llevas mucho tiempo preguntándote el porqué de tus actos o buscas motivación en lo que ya haces, piensa un momento…

  • ¿Para qué?
  • ¿Para qué el para qué?
  • ¿Qué otros motivos totalmente diferentes hay?
  • ¿Que más motivos hay?
  • Ya que lo vas a seguir haciendo, o va a seguir sucediendo ¿Qué actitud quieres adoptar? ¿Cómo vas a aprovecharlo?

Esto mismo lo puedes hacer con tus hijos. Si algo en su vida no les gusta y no saben por qué lo hacen, indaga con ellos en los diferentes motivos. Siempre hay una razón positiva para todo acto. 

Esto los ayudará a pasar de víctima a responsable… de pelele a gestor de su vida, del bloqueo a la acción

 

Este es el final de la demostración gratuita. Si quieres continuar con el curso puedes comprarlo pulsando aquí