Las preguntas – Resumen [10 minutos]

 

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Las preguntas

Las preguntas son la batuta que dirige una conversación y son la llave a la reflexión.

Sin embargo, hay preguntas que entorpecen, que parece que son obstáculos más que oportunidades. Algunas pueden provocar rechazo, tal vez porque esconden afirmaciones y juicios sobre el otro. Por ejemplo, al preguntar “¿por qué no has venido antes?” se deja ver que quien la emite da por hecho que el otro tuvo la posibilidad de venir antes y no quiso.

Las preguntas son útiles cuando juegan el papel puro de la curiosidad. Cuando una pregunta tiene como fin la auténtica indagación y no contiene opiniones ocultas, es cuando resulta realmente una generadora de diálogo.

Una pregunta realmente útil es aquella que no contiene un punto de vista y que es formulada sin conocer la respuesta. Entonces es realmente un elemento que provoca reflexión y descubrimiento.

Con preguntas bien formuladas, podréis tener conversaciones en las que vuestros hijos encuentren sus respuestas y vosotros los acompañéis en ese descubrimiento. Cuando se den cuenta de que esto puede suceder más veces, os buscarán para hablar sobre temas importantes.

Curiosidad vs Interrogatorio

Imagínate que vas por la calle con los brazos a la espalda y que se acerca un niño pequeño sonriendo y te pregunta ¿qué tienes ahí? Tú no dices nada e insiste. ¿De qué es? ¿Para qué sirve? ¿Qué tamaño tiene? Eso es curiosidad.

Ahora imagínate que esas mismas preguntas te las hace un agente de policía.

La pregunta es el reflejo del pensamiento interior y una misma pregunta puede significar algo diferente cuando se hace para interrogar o para curiosear.

Si en el primer caso no te sentías atacado, en el segundo es posible que esté a la defensiva.

La curiosidad que genera conversaciones es como la del niño que quiere saber sin juzgar. Cuando consigas demostrar que tienes autentica curiosidad será más fácil que las preguntas sean las adecuadas. Y, al revés, si formulas las preguntas en la forma adecuada pero con la intención equivocada, se notará y esas preguntas no funcionarán.

Ser vs Hacer

La curiosidad servirá, además, para que la otra persona note auténtico interés. Cuando un padre o una madre consideran que conocen las respuestas a las preguntas, la comunicación no fluye igual porque esas cosas se transmiten. Hay mucha más comunicación que sólo la verbalización, está la mirada, las expresiones, la corporalidad y todo eso sirve para comunicarse. Es un lenguaje que también se escucha y muchas veces lo emitimos y lo escuchamos sin ser conscientes.

No se trata sólo de actuar como si tuvieras curiosidad, se trata de tener realmente curiosidad y para eso es importante salir de la certeza. Porque la duda es lo que nos anima a seguir indagando. Cuando una persona encuentra la respuesta que considera válida, deja de indagar. Si bien es cierto que en algún momento hay que dejar de indagar para poder actuar, te animo a que seas consciente de cuándo llega ese momento para que sea una decisión tuya.

El foco

Cuando hacemos una pregunta, la mente de la otra persona suele buscar la respuesta, aunque luego no la encuentre o no la verbalice. Una pregunta suele provocar un proceso de indagación que puede durar más o menos tiempo y ser más o menos importante. Durante el proceso de indagación la mente permanece en esa realidad y esto puede ser útil o limitante.

Las preguntas ayudan a que una persona mire en una dirección o en otra. Si a tu hijo le preguntas sobre lo que sucederá cuando suspenda, su mente va a visualizar esa realidad y, en cierta forma, vivirá esa situación.

La mente también reacciona frente a lo que imagina. Por ejemplo, hay veces que una película nos provoca ciertas emociones y las puede volver a provocar cuando la vemos por segunda vez, aunque ya sabemos lo que va a suceder.

Algunas canciones son motivadoras, hay varios ejemplos de entrenadores deportivos que proyectaban vídeos o reproducían ciertas canciones antes de comenzar un partido porque eso servía para cambiar el estado de ánimo de las personas.

Las preguntas permiten que la mente se dirija a un lugar u otro y dependiendo de dónde esté, la mente genera emociones útiles o limitantes.

Si preguntamos a un chico qué va a hacer cuando suspenda y le intentamos hacer cambiar por medio de visualizar lo malo del fracaso, conseguiremos que genere emociones desmotivadoras. Es posible que se enfade y que no tenga ánimos.

Cuando preguntamos sobre las consecuencias del éxito es cuando él se verá en el éxito.

Tú decides en qué pone foco la mente de tu hijo cuando le preguntas algo como ¿Qué harás cuando suspendas? O ¿Qué harás cuando apruebes?

Si estás en una conversación en la que se ve apático porque piensa que no conseguirá superar una prueba, te animo a que le hagas preguntas que, para responderlas, si mente necesite verse habiendo superado esa prueba (o superándola).

  • ¿Qué harás cuando lo consigas?
  • ¿Cómo sabrás que vas por buen camino para conseguirlo?
  • ¿Para qué quieres conseguirlo?

Todas estas preguntas requieren que él o ella se vea a si mismo/a consiguiéndolo y esto es un elemento motivador muy útil.

 

Conclusión

  • Las preguntas provocan pensamientos aunque no se respondan.
  • Los pensamientos pueden motivar o desmotivar.
  • Preguntar sobre los «para qué» genera más disposición a responder que preguntar sobre los «porqués»
  • Preguntar sobre el problema genera pensamientos en torno al problema.
  • Preguntar sobre la solución genera pensamientos sobre la solución.
  • Es más fácil preguntar adecuadamente cuando la curiosidad es auténtica
  • Las preguntas que generan conversaciones cómodas y útiles están focalizadas en la solución y no contienen opiniones ni consejos.

 

Aquí termina el primer módulo. 

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