El análisis [30 minutos]

La primera fase para resolver un problema no es conocer el motivo del problema, la primera fase es, querer resolverlo.

El objetivo de este tema es conocer y disolver el enfado, no la situación. Para eso haremos visible el proceso mental que está permaneciendo invisible y así podremos:

  • Gestionarlo.
  • Aprender sobre nosotros.
  • Argumentar de forma más eficaz.

Vamos a trabajar sobre un enfado real y seguiremos una serie de pasos.

La calidad de las conclusiones de este ejercicio está limitada por estas convicciones:

  • Tus certezas son la verdad.
  • La verdad es evidente e inamovible.
  • Tu opinión se basa en datos reales.
  • Los datos que conoces son todos los datos.

Este es, posiblemente, el ejercicio más importante del curso.

El éxito de este tema depende, en gran medida, de que hagas este ejercicio con tranquilidad, conciencia y autocrítica. 

Por favor, reserva al menos 30 minutos de tu tiempo para hacerlo paso a paso. 

PASO 1: Identifica algo que te haga enfadar. Puede ser lo que ya identificaste al principio del tema u otra cosa nueva.

PASO 2:  Clarifica los hechos. Sólo los hechos observables. Consideramos hechos observables aquello que captan los sentidos, queda excluido todo lo que requiere interpretación. Por ejemplo: «se enfadó» es una interpretación, el hecho observable es lo que te dijo y las características sobre cómo lo hizo. 

Todo lo que esté en esa lista lo guardas para ponerlo en el siguiente paso:

  • Lo que el otro piensa
  • Sus motivos
  • Su estado de ánimo
  • Lo que supones en base a tu experiencia anterior

PASO 3:  Al dejar sólo los hechos, han quedado fuera otros elementos, identifica:

Suposiciones:  Todo aquello que estás dando por cierto pero para lo que realmente no tienes pruebas: lo que él/ella pensaba, sus motivos, su estado de ánimo, lo que imaginas por tu experiencia previa, etc…

Interpretaciones:  Son un tipo de suposiciones sobre lo que interpretas que significan los hechos.

Convicciones:  esas afirmaciones indiscutibles como «llegar tarde es una falta de respeto», «hablarme así es de maleducados», «no se puede ir así por la vida», «debería haber avisado», etc.

Te recuerdo algunas pistas para encontrar convicciones en tu discurso:

  • Opiniones en general.
  • Lo que es correcto.
  • Lo que está mal.
  • Al hacer esto, está demostrando que él/ella es …
  • Lo que opino de él/ella.
  • Lo que espero que suceda.
  • Lo que sé que nunca sucederá.
  • Las consecuencias de sus actos.
  • En general, cualquier cosa que crea que sucederá en el futuro.
  • Lo que espero de los demás.
  • Me preocupa que …
  • Es de sentido común.

Hasta aquí hemos separado los distintos componentes. Es muy probable que hayas identificado como «hechos» cosas que realmente no lo son. Este tipo de inferencias que consideramos hechos suelen ser aquellas en las que coincidimos con quienes nos rodean. 

Por ejemplo, si toda la familia considera que el niño se ha enfadado, no deja de ser una inferencia, aunque estemos todos de acuerdo. Que una afirmación sea una inferencia no implica que sea falsa, sólo que está formada por medio de la experiencia, interpretaciones y suposiciones, no por la percepción de los sentidos. 

Es importante aprender a identificarlas porque son las puertas de acceso a nuestro proceso mental. No se trata de juzgarlas, sino de identificarlas para después cuestionar su validez. 

Ahora vamos a comenzar lo que es más complicado, cuestionar.

Antes de que lo digas… sí, es difícil. También es posible conseguirlo y resultará muy útil. 

 

Lo que vamos a hacer ahora no tiene como fin llevarte la contraria ni convencerte de que no tienes razón, muy al contrario, vamos a repasar las conclusiones para encontrar tus auténticos motivos. Y para eso, comenzaremos por cuestionar las bases.

 

El análisis que vamos a hacer ahora va a servir para añadir o distinguir nuevas convicciones e interpretaciones.

 

PASO 4:  Responde a estas preguntas y ve añadiendo convicciones e interpretaciones que vayan apareciendo:

¿Qué tiene de malo lo que ha sucedido?

¿Y qué hay de malo en eso?

¿Por qué es malo?

Si él/ella tuviera un 2% de razón. ¿En qué tendría razón?

¿Cómo le explicarías tu punto de vista a un niño de 3 años sin incluir afirmaciones como «es así», «lo normal», «lo correcto», etc?

¿Qué sería lo normal? ¿Qué lo hace «normal»?

 

FIN: Habrás llegado al final cuando compongas una afirmación de estas características:

Cuando haces/sucede/observo __(los hechos)_______________

yo interpreto __________

y esto me afecta porque para mí es importante ____________________

 

Estos son algunos ejemplos reales de cursos anteriores:

«Cuando veo la ropa tirada en la habitación me enfado porque creo que el orden es importante para que te puedas relacionar con otra gente el el futuro.»

«Cuando te lanzas sobre la comida en las fiestas me enfado porque no vas a dejar comida a los demás y eso me parece mal»

Lo que sucede es que esos ejemplos son un poco artificiales, porque no soportan la gran prueba.

La gran prueba: Si tu preocupación se viera resuelta, ¿te seguirías enfadando aunque no cambiar la actitud?

Los ejemplos que he puesto no se sostuvieron en su día porque los motivos no eran reales, así que no pasaron la gran prueba. 

Los motivos reales eran más parecidos a esto:

«Cuando veo la ropa en el suelo me disgusto porque me gusta ver la casa ordenada»

«Cuando te lanzas sobre la comida en las fiestas me preocupa que las otras madres piensen que te estoy educando mal»

 

Algunos ejemplos que sí funcionaron fueron:

De «No puedes intentar aprobar sin estudiar» pasamos a «Cuando intentas aprobar sin estudiar me preocupo porque si lo consigues creo que podrías acostumbrarte a conseguir las cosas sin esfuerzo y eso no te servirá en la vida. Yo quiero lo mejor para ti y pienso que es importante que te acostumbres a que las cosas necesitan esfuerzo.»

De «Tienes que acostarte a las diez para mañana estar fresco» pasamos a «Necesito tranquilidad para relajarme, por eso quiero que te vayas a la habitación y, al menos, me dejes descansar un poco antes de acostarme yo».

De «En todas las casas tiene que haber normas» a «Si no me ayudas en casa, tengo la sensación de que no me respetas porque todo lo hago yo.»

Tomar conciencia de nuestro proceso mental nos sirve para actuar desde la racionalidad y no desde el instinto.