Una de las barreras que limitan la comunicación hacia nosotros y hacia los demás es confundir los deseos con las órdenes. He visto a muchas personas frustradas por no poder opinar porque confunden la expresión de sus deseos con la proposición o incluso con la imposición.

Que una persona exponga cuáles son sus deseos o gustos no debería significar que esté proponiendo que se atientan y, mucho menos, debería implicar la imposición de estos. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a la gestión de las necesidades por medio del chantaje emocional que muchas veces damos por hecho que la expresión de una preferencia es, automáticamente, una proposición. Si alguien dice que tiene sed, espera que alguien le traiga agua. Si alguien dice que está cansado, espera que otros decidan comenzar un descanso.

Esto lo veo con mucha frecuencia en conversaciones tan dispares como fijar la fecha de la siguiente cita con un cliente o entre amigos que están decidiendo qué hacer.

Si le pregunto al cliente cuándo le viene bien la siguiente cita, suele evitar mencionar las fechas y horas que cree que a mí me vienen mal, cuando me doy cuenta de ello le digo algo como: “Si pudieras elegir el momento perfecto, aunque fuera imposible ¿cuál sería?” Esto ayuda a que la persona exprese sus auténticas preferencias y desde ahí podamos ver los puntos en común con mis preferencias que pueden incluir un viernes o una hora tardía. Nunca se sabe.

Si a pesar de eso, mi interlocutor piensa que está forzándome a elegir una hora que no me satisface, yo le recuerdo que su petición es una preferencia con la que puedo no coincidir. Y le insisto en que tengo el poder de rechazar sus propuestas.  

Expresar con seguridad mi derecho de elegir le da a él libertad para opinar. Y esto es algo que echo mucho en falta en las relaciones humanas. Tenemos la costumbre de no exponer nuestros gustos y de no proponer por miedo a que el otro acepte contra sus propios intereses, supongo que es porque nosotros hacemos lo mismo. Si tú tomas la preferencia del otro como una petición, entonces dejarás de expresar tus preferencias por si son tomadas como peticiones. Y una petición puede ser una imposición si el otro tiene suficiente interés en satisfacer tus necesidades (madres, padres, hijos, jefes, amigos, parejas, etc)

besapiePara arreglar esto, aplicamos una técnica igual de perjudicial que es la de exponer gustos que no son nuestros porque creemos que es lo que el otro quiere. Si confundimos proposición con imposición, creemos que el otro no propone porque no quiere imponer y salimos en su rescate proponiendo nosotros lo que creemos que el otro quiere expresar. Pero lo hacemos como si fuera una pretensión nuestra y claro, el otro (que sigue las mismas reglas) puede que acepte para satisfacernos y nos encontramos ambos haciendo algo que ninguno quería.

Ser tan considerado es contraproducente porque cuando el interlocutor considera que la simple expresión de un deseo debe ser entendido como petición e imposición está creando o promoviendo esta regla.

Que una persona diga en voz alta que está sedienta o que está cansada no debería ser lo mismo que pedir un vaso de agua o un descanso. La opinión y la petición pueden ir en la misma frase, pero deberían estar separados.

Sólo en los cuentos los deseos de uno son órdenes para otro. Cuando llevamos esto a la vida real, generamos un contexto de malentendidos y de ausencia de comunicación.

Esta mala interpretación se da incluso en nuestro diálogo interno confundiendo nuestros deseos con nuestras intenciones. De nuevo puedo recordar muchos casos en los que las personas se sienten culpables por desear algo que consideran inadecuado hacer y se juzgan como si lo hubieran hecho.

Dejando este último punto en el aire y a la espera de que lo desarrolle más detalladamente, por ahora terminaré animando a diferenciar en todo momento estos conceptos:

 

Deseo / preferencia / opinión: es algo que nos gustaría, y lo podemos expresar como información. Compartirlo es muy útil, habla de nosotros y ayuda a la otra persona a conocernos. No requiere ninguna acción por parte del otro.

Petición: es el acto de solicitar a alguien que satisfaga de alguna forma esa preferencia. La petición supone una acción. Pedir algo de forma correcta supone expresar de forma clara qué quieres que haga el otro.

Imposición: es una petición emitida desde la autoridad con la pretensión de obligar al otro a hacer lo que le pedimos. Al ser una petición, deberá dejar clara cuál es la acción que deseamos sea realizada.

 

En estos dos ejemplos en los que se puede ver la confusión:

  • Ayer os dije que este informe no me gustaba así.
  • ¡He dicho que tengo sed!

 

Ah.. y recuerda que si tú crees que tus deseos son órdenes, te encontrarás muchas veces frustrada/o porque tus peticiones no están siendo atendidas. 

[Tweet “Si confundes deseos con peticiones, te frustrarás porque tus necesidades no están siendo atendidas.”]

¿Te animas a probar el pensamiento útil?

Durante una conversación de Coaching Realista, tocaremos todos los aspectos del pensamiento que generen información que puedas aprovechar, sea cual sea el sentido del pensamiento. Sin miedo a analizar el riesgo y el éxito.

 

 

 


Gracias por compartir en las redes sociales y por comentar. Me ayuda a dar más visibilidad a mi trabajo.

animateacomentar

[jetpack_subscription_form]
2016-10-24T21:11:21+00:00

Deja un comentario