Lo importante es participar, pero perder es una mierda

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Estamos viviendo un choque de tendencias, hemos crecido en la cultura del éxito y estamos viviendo un intento de cambio hacia la cultura del esfuerzo.

 

La educación de muchos de nosotros ha girado en torno a conseguir cosas y aún es así en la gran mayoría de las situaciones. Estudiar para aprobar, aprobar para conseguir trabajo, conseguir el mejor trabajo, trabajar para ganar dinero. Jugar para ganar el partido. En general, intentar para conseguir. El esfuerzo es un medio pero lo que justifica y valida todo son los resultados.

 

Al mismo tiempo, estamos recibiendo muchos mensajes en torno a que lo importante es el esfuerzo. “Ve a por tus sueños”, “lucha por lo que deseas”, “lo importante es participar”, son mensajes que damos y nos son dados, pero no tengo claro que sean naturales, creo que aún es una intención artificial de provocar un cambio hacia lo que parece mejor, más humano y menos frustrante.

Hay personas que están recibiendo estos mensajes y los están intentando encajar en su vida de forma sesgada. Verbalizan que lo importante es el esfuerzo pero siguen midiendo la satisfacción por el resultado.

[Tweet “Lo importante es participar, pero perder es una mierda.”]

 

Conozco adultos que, buscando la salida de una situación que no les gusta, se refugian en este tipo de conceptos donde lo aparentemente importante es la intención y la voluntad; la acción, y no tanto la recompensa. Los niños están recibiendo esta educación desde los cuentos infantiles, las películas y la educación en valores. Pero esos cuentos, y películas terminan bien. El mensaje de que lo importante es el esfuerzo trae unido que, además, se consiguen las metas. La conclusión es que lo importante es participar, pero ganar mola más y si te esfuerzas, ganas.

Se está creando un concepto confuso donde se mezcla todo y se da a entender que el esfuerzo lleva al éxito, pero la sociedad y los individuos siguen midiendo el éxito por el resultado. Aparece entonces una conclusión turbia y contaminada en la que querer algo con mucha fuerza hace que lo intentes y eso ya es en sí garantía de éxito que, sin embargo, se mide por el resultado. De forma resumida: si quieres, puedes y si puedes, lo consigues. Por lo tanto, si quieres, lo tienes.

Esto es mentira.

Ni la vida ni la sociedad son así. Al final, el esfuerzo puede garantizar el bienestar personal interno, pero no la consecución de metas cuando las metas son externas y dependientes.

 

[Tweet “Si creemos que el esfuerzo genera el éxito, viviremos en un enorme sentimiento de injusticia.”]

 

Estamos creando, recibiendo y distribuyendo un mensaje erróneo de relación entre intención, acción y resultado que puede derivar en una sensación de injusticia y desespero.

 

Dependiendo de la persona, cuando descubre que la relación causa-efecto no es tan idílica, puede sufrir una gran frustración o, simplemente, adaptarse.

Los niños descubren esto con el tiempo, cuando los padres dejan de encargarse de que las cosas sean justas en su vida. Al principio, cuando son pequeños, si se les cae el helado les compran otro, si lo tiran ellos, se quedan sin él. Eso es un mundo justo donde la intención y el resultado están unidos. De mayores no hay nadie que les consiga un trabajo cuando los echan del suyo sin merecerlo. Entre medias ha habido muchos desengaños y un proceso de aprendizaje que ahora algunos están des-aprendiendo.

Me parece especialmente peligroso cuando esto sucede de adultos, y está pasando. Estamos rodeados de gurús y sabios que prometen (predicen o visualizan) el éxito a partir del esfuerzo. Mensajes como “tú puedes” o “alcanzar tu meta depende de ti” están en el aire y hay quien se lo cree. Hay quien lo necesita creer. Antes eran los brujos quienes te garantizaban lo que iba a suceder, ahora son los tarotistas, adivinos, chamanes e incluso algunos coaches.

Cuando las personas pasan a confiar en que su intención les llevará al éxito, entran en un terreno peligroso que les puede llevar a una gran sensación de frustración pues el mundo puede convertirse (de nuevo) en un sitio sin sentido, donde las cosas no son como deberían. El lobo sí se come a Caperucita, la universidad no garantiza un trabajo, el príncipe azul no aparece, ser bueno no sirve para que me traten bien  y la intención no lleva al resultado.

Las personas pueden re-rescubrir a los 40 que los Reyes Magos no existen y, a esa edad, la capacidad de adaptación no es la misma que con 8 años.

Existe un proceso de convertirse en creyente que viven algunas personas que los lleva a tener fe en que las cosas, no solo son posibles sino que, seguro que se conseguirán. Y desde la fe, cuando los hechos no acompañan, suele haber dos salidas: tener más fe o la frustración.

 

La versión útil del “si quieres, puedes” existe y es la base de modelos como el Coaching Realista.

Estableciendo una apropiada relación entre intención, acción y resultado, la persona busca el sentido en la intención real y en el proceso. Comienza por cuestionar lo que quiere y busca un interés auténtico, propio e interior, de manera que el propio camino ya tiene sentido. Después comienza el camino y se centra en el proceso observando el resultado. Celebra el esfuerzo y las consecuencias son eso, consecuencias, no una garantía. Este modelo ayuda a centrar la atención en el camino interior y no la meta exterior, de forma que el éxito depende de uno mismo y no de las circunstancias.

 

 

 

 

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2016-10-24T21:11:24+00:00

7 Comentarios

  1. Anónimo 09/04/2014 en 12:03- Responder

    Completamente de acuerdo Carlos, todo esta muy “al revés” y esos mensajes tan confusos y ambiguos son tremendos….creo que la abundancia de información y de cambio social ha trastocado la realidad….gracias por tus comentarios!! Saludos!

  2. Esther Roche 09/04/2014 en 19:08- Responder

    Aunque esta tarde estoy, literalmente, agotada, no puedo dejar de comentar este excelente artículo de Carlos.
    Como bien sabes, y en esto hemos coincidido desde el principio, tenemos una visión del Coaching y de ciertos mensajes “positivos” parecida, la visión realista que da el nombre al tuyo (Coaching) muy acertadamente. Lamentablemente existen algunas corrientes que, aprovechando el tirón de ciertos libros de cuyo nombre no quiero acordarme, y ciertos “movimientos” que consisten en afirmaciones y creerse las cosas tanto tanto tanto, que, con seguridad, el universo te las concederá.
    Qué daño está haciendo todo esto. Es algo que comparo con esos programas que haciendo zapping a las tantas de la madrugada aparecen en algunas cadenas y que ya no sé si me hacen reir o llorar. Supongo que es una mezcla.
    Bravo por el artículo y bravo por la bravura del título. Teorizas muy bien. 🙂
    Un abrazo.
    Esther

    • Carlos 09/04/2014 en 19:14- Responder

      Muchas gracias Esther por tus palabras. Me anima mucho contar con tu apoyo.

  3. Anónimo 18/04/2014 en 08:16- Responder

    Estoy de acuerdo Carlos, hoy en día la medida del esfuerzo es el exito, ya no se hacen las cosas por un afan de superación personal, sino para triunfar.

  4. diegotoronievesDIEGO 24/04/2014 en 23:48- Responder

    muy muy bueno carlos, el exito consta de estar despiertos, y de aprender de esas consecuencias, que nos hacen conscientes de hacia donde dispusimos ir. estoy relacionado con eso de ser coachin he leido y averiguado un poco, estare pendiente de tus mensajes e igual de otros maestros en su campo, gracias amigo.

  5. Jorge 30/05/2014 en 07:27- Responder

    Carlos, he empezado a seguirte recientemente, y me asombra la capacidad que tienes de explicar con claridad y sentido comun los laberintos del coaching, la psicologia y la vida en general.
    Como Coach una de nuestras “obligaciones” y placeres, es acompanar a la persona a que pase del victimismo y la queja al protagonismo, la responsabilidad y la accion. Pero efectivamente la motivacion no debe venir de la promesa de resultados, sino de ayudarles a volverse conscientes de lo que esta en sus manos, y del primer paso. Y de como se van a sentir despues.
    Gracias, saludos desde Mumbai

    • carlosmelero 30/05/2014 en 08:19- Responder

      Muchas gracias por tus palabras, Jorge.

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