Una forma de referirse al coaching es diciendo que es un proceso de acompañamiento. Esto significa que el coach está al lado del usuario, no está delante guiándolo ni está detrás empujando. Está al lado, ayudándolo a observar a su alrededor.

Las características de ese acompañamiento incluyen la ausencia de juicio en dos sentidos.

El primero, que el coach no juzga los pensamientos ni acciones del usuario. No valora si lo que dice o hace está bien o mal, sólo lo acompaña a averiguar cuál es su auténtica opinión.

En una sesión de coaching debes acompañar al usuario a descubrir su mundo sin que el tuyo interfiera. Esta es una de las habilidades que más dificultades plantea a los estudiantes, por eso ya en la segunda clase comenzamos a trabajar la neutralidad en las sesiones.

La ausencia de opinión también se ve reflejada en la ausencia de directividad. El coach no sólo no opina sobre lo que le cuenta el usuario, tampoco opina sobre lo que debe hacer. No aconseja, no guía, no instruye.

Como coach, da igual cómo estés de convencido de que algo es lo correcto, si estás ofreciendo un espacio de Coaching Realista al usuario es para qué él ande su camino, no el tuyo.

Sin embargo el coach sí influye en el camino del usuario, porque mantiene su mirada en el futuro y en las soluciones.

Cuando el coach anima al usuario a mirar en una u otra dirección lo hace siempre priorizando el camino que hay delante, eso ayuda a que el usuario descubra sobre sus necesidades e intereses más que en sus problemas y justificaciones.

A partir de la segunda clase del curso, practicaremos cómo acompañar al usuario sin incluir nuestra visión del mundo, animándolo a reflexionar por sí mismo poniendo el foco en su futuro.

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