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Tengo por costumbre no dar dinero a los mendigos. La idea de que me estén tomando el pelo me ronda siempre. Después de ver los reportajes en televisión y en base a mi experiencia pienso que casi siempre es mentira lo que dicen.

Los veo pasar junto al coche y nunca bajo la ventanilla porque creo que esa es la forma correcta de actuar. Siento que si les diese dinero me estarían estafando, así que los veo marcharse con su cara triste y por un momento pienso que ¿Y si en este caso fuera cierto?

El sábado pasado, cuando iba camino del curso de Descubrimiento Personal que yo mismo impartía, me paré en un semáforo donde había un mendigo.

Me dispuse a no hacer nada, como siempre y entonces recordé lo que sentía cada vez que le negaba un euro a un mendigo. No me sentía del todo cómodo.

En un acto de total egoísmo, decidí que en esta ocasión le iba a dar una moneda para así ver cómo me sentía. Bajé la ventanilla, lo llamé y le di el dinero. El señor me dio las gracias varias veces y se marchó.

Yo me quedé en el coche averiguando lo que sentía por medio de la observación de mi cuerpo. Me fijé en lo que había cambiado, las sensaciones en el estómago y en el pecho. No traté de buscar una explicación (en un primer momento), sólo quería ver qué pasaba conmigo. Cómo mi cerebro hacía que mi cuerpo reflejara lo que estaba sintiendo.

Recogí esta información sobre mi mismo y la procesé. Creo que necesito más datos, así que la próxima vez que tenga la oportunidad volveré a dar una limosna y prestaré de nuevo atención a mis reacciones.

No sé si el mendigo me engaña o no y eso me da igual. Sinceramente creo que hay argumentos para ambas posiciones. Lo que quiero saber es qué debo hacer para estar en línea con lo que siento y lo que siento lo averiguo observando los cambios en mi cuerpo.

2016-10-24T21:11:32+00:00

2 Comentarios

  1. Nombre (requerido) 27/03/2013 en 00:22- Responder

    Hola Carlos ;

    Esta mañana he pensado sobre el mismo tema que estoy leyendo ahora, curiosamente también he observado lo que siento cuando me decido a dar unas monedas, y experimento una sensación de bienestar, mi cuerpo reacciona de forma agradable, se relaja y camino más firme. También he comprobado lo que siente mi cuerpo cuando reacciono de forma distinta, es decir, cuando no doy dinero, el resultado es incomodidad, me vuelvo pesada, dejo de tener equilibrio emocional, y noto como la mente y el cuerpo se separan, no encuentran la linea que los armoniza, de hecho alguna vez he vuelto sobre mis pasos para rectificar esa sensación.

    Es verdad que tengo costumbre de dar, y es verdad también que he pensado que me pueden tomar el pelo, aún así, decidí hace tiempo que lo que hagan con aquello que doy, ya sea dinero o alimentos, ropa…etc..no era un problema mio, los resultados de la generosidad, altruismo o incluso egoísmo al buscar mi satisfacción personal inclinaba la balanza hacia lo positivo que sentía, sin lugar a dudas, ganaba el corazón y dejaba los razonamientos lógicos de duda, por el empleo que hagan los demás de lo obtenido por mi, a segundo término.

    Ahora hay algo que también tengo que comprobar, debido a la crisis o es mi apreciación, veo más personas pidiendo, de todas las razas y sexos, he llegado a elegir sin darme cuenta a quien doy y a quien no, el resultado no me gusta y no sé el criterio que estoy escogiendo para ello, tendré que pensarlo honestamente y me hizo pensar en ello un comentario de mi hija, a la que intento educar en el dar, ella se fijó, para sus ojos no había distinciones entre unos mendigos y otros, para mi si, de hecho, me preguntó porque no daba a una persona que pedía, en mis prisas y mis múltiples pensamientos contesté con lo más fácil, que no tenía suelto, a lo que me contestó con otra pregunta, ¿ es que a él no le gusta agarrado ?, se refería por supuesto a los billetes, paré y rebusqué en el monedero, aquello abrió otras interrogantes.

    Interesante reflexión la tuya.

    Un saludo.

    • Carlos 27/03/2013 en 00:56- Responder

      ¡Qué gran trabajo!

      Enhorabuena por el descubrimiento y suerte en lo que te queda por descubrir.

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