Hijos adolescentes rebeldes y desafiantes

Recibo muchas consultas y peticiones de ayudas de padres que no saben cómo manejar a un hijo que consideran “rebelde” porque no obedece, no hace caso, todo le parece mal y siempre se opone. 

Los adultos ven a sus hijos comportarse como ellos nunca lo hicieron y no los entienden. Pero para entender no hace falta estar de acuerdo, sólo es necesario comprender el interior y ahí tal vez no sean tan distintos los padres de los hijos. Aunque el padre, de joven, no se comportara igual, es posible que las emociones interiores fueran las mismas que ahora tienen sus hijos. 

He encontrado un artículo que se llama “Los porqués del adolescente” en Lavanguardia.com y me ha dado pie para escribir este texto que puede ayudar a los padres que viven situaciones de rebeldía.  

Podría resumirlo diciendo que, todo eso nuevo que hacen los hijos ES NORMAL y así los padres se pueden quitar un gran peso de encima. Pero ¡ojo!, que el hecho de ser normal no significa que sea adecuado, sólo significa que está justificado por algún motivo. 

No animaré a los padres a permitir conductas inadecuadas de sus hijos, pero sí los animo a plantearse que pueden ser conductas legítimas y, desde ahí, gestionar con la serenidad de que todo está bien, aunque queramos intentar que cambie. 

rebelde 3Con lo que no estoy de acuerdo del artículo es con el apartado “¿Por qué cuestionan todo?”. Según el artículo “Los adolescentes lo cuestionan todo porque en esa etapa se desarrolla su pensamiento abstracto y eso les da mucha más habilidad para argumentar y para pensar simbólicamente, y tienen una expresión verbal perfeccionada, así que se ven con argumentos para todo” y esto es como decir que lo cuestionan todo porque pueden. 

Comenzando porque decir que los jóvenes lo cuestionan todo es una generalización incorrecta. No lo cuestionan todo, cuestionan lo que cuestionan. Lo que sucede es que comienzan a tener sus propias ideas, observan a su alrededor y generan sus propias opiniones que, como nos sucede a todos, no tienen por qué coincidir con la de los otros (en este caso, los padres). 

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También sucede que los padres comienzan a dar pautas que antes no existían, nuevas normas que requieren nuevas decisiones. En esa etapa ya no aceptan las instrucciones sin más, porque saben mirar, aprender, deducir y concluir. Por lo tanto, ante nuevos criterios o normas ellos deciden aceptar o rechazar, lo que supone un nuevo escenario para los padres

Rebelde 4No es tan simple como decir que es la adolescencia, porque cuestionar los mandatos no es una etapa, no es un momento que ya se les pasará. Es la salida de la niñez, es el momento en que dejan de decir “si, mamá” y dejan de aceptarlo todo. Esa etapa de su vida no es la adolescencia, es la existencia.

Para que nos entendamos, esa etapa tiende a desaparecer cuando comienzan a decir: “si, querido/a”, “sí, jefe”, “son las normas”, “es lo que se debe hacer”, etc. 

Muchas veces los jóvenes no son rebeldes, son personas. Y como personas no aceptan normas sin motivos. Sólo los individuos sometidos a la tiranía de otros aceptan normas sin cuestionarlas.

El gran enfrentamiento aparece cuando los padres imponen normas que ni ellos mismos comprenden. Normas que se han aceptado desde la sumisión a otros.

A los padres que piensan que sus hijos se están rebelando, los animo a pensar ¿Tienes una razón para las normas que pones?

Ten en cuenta que estas no son razones que una persona libre acepte como válidas ciertas normas:

  • Porque sí
  • Porque es así
  • Porque siempre ha sido así
  • Porque es como debe ser
  • Porque es lo correcto
  • Porque es lo que se debe hacer
  • Por sentido común

rebelde 2jpgTodo esto son argumentos vacíos que sólo son aceptados cuando la otra persona está de acuerdo,  cuando también piensa que es de sentido común o que es lo correcto. 

¿Irías andando a la pata coja por la calle si todo el mundo pensara que es lo correcto? 

Si los padres quieren que los hijos sean capaces de discutir las normas sin rebelarse, deben aportar argumentos sobre los que deliberar porque, a un “porque sí” puede que se responda con un “porque no”. 

Cuántas veces habré oído decir aquello de “¿y si tu amigo se tira por un puente, te tiras tú?” pero luego los padres quieren que sus hijos hagan lo que les dicen, sin cuestionarse si quieren tirarse por ese puente. Los animamos a discernir por sí mismos y luego les exigimos acatar nuestras normas sin más. Parece algo contradictorio ¿no?

En resumen, si discutes mucho con tus hijos por las normas, te animo a que encuentres los auténticos motivos por los que esas normas existen y entonces compartirlos y discutirlos. 

Si no os ponéis de acuerdo, puedes imponer tu criterio, pero al menos habrá motivos más allá de la tiranía injustificada que es, posiblemente, cómo lo pueden estar viviendo ellos ahora. 

 

 

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2016-10-24T21:11:15+00:00

5 Comentarios

  1. Raquel 11/07/2015 en 15:56- Responder

    Muy interesante, me encantaría asistir a la charla pero no estaré en Madrid esos días. Espero coincidir pronto en otra fecha. Es una situación muy frecuente y aunque se tenga buena relación con los hijos, tanto ellos como nosotros estamos en permanente cambio; y por momentos, es muy difícil gestionarlos, sobre todo cuando se está muy implicado en el desarrollo de los hijos.

    • Carlos Melero 12/07/2015 en 11:56- Responder

      Raquel, gracias por tus palabras.

      Después de verano organizaremos más talleres.

      Un abrazo.

    • Carlos Melero 13/07/2015 en 17:02- Responder

      Raquel, el próximo taller será el 26 y 27 de septiembre

  2. Jose 12/07/2015 en 00:31- Responder

    Qué desilusión. Pensé que me aclararía algo este artículo. “Discute y ponte de acuerdo con tu hijo”, sí, ya, qué fácil. Tú explicas con una pila de argumentos y él te hace lo mismo, pero en sentido contrario, y entonces ¿qué? “Tienes que estudiar por…..” cien razones, pero ellos te dicen que no piensan estudiar por doscientas. “Tienes que dejar de fumar porros por….” cien razones y te muestran cómo se hace continua apología del cannabis, incluso por médicos, y ¿por qué creer a unos y otros no?. Y sigues con el “recoger la habitación”, “levantarte antes”, “dejar la videoconsola y el móvil”, “llegar pronto a casa”, etc. También recuerdo yo las argumentaciones que daba a mis padres y no hemos evolucionado nada. Pero ni mis padres tenían argumentos para rebatirme, salvo los consabidos “son las normas” y “es por tu bien”, ni yo tengo para con mi hijo, salvo, después de los dos nombrados, acabar con lo de “porque lo digo yo y punto”.
    No hay nada que hacer. Se intenta y si el adolescente es medianamente receptivo, hará lo que le dé la gana y al poco tiempo, se dará cuenta de que “no hay más narices”, pero ninguna lógica. Si no es receptivo, entonces tendremos un adolescente en casa, con discusiones y broncas, hasta los 40 años.

    • Carlos Melero 12/07/2015 en 11:55- Responder

      José, gracias por tu comentario.

      La idea que quiero transmitir es distinta al método habituar de argumentar, contra-argumentar e intentar convencer de recoger la habitación. Este artículo habla de qué hacer cuando eso no funciona.

      La situación que comentas es la misma que comparten la mayoría de los padres conmigo y en los talleres. Tras hacer un ejercicio con ellos basado en escuchar, legitimar y cuestionarse los propios argumentos, se suelen dar cuenta de que no habrían sido validos ni para ellos mismos.

      El ejemplo de ordenar la habitación aparece siempre y lo uso como ejemplo para que los participantes reflexionen sobre si sus argumentos tienen realmente peso, el resultado en todos los casos (hasta ahora) es que no. Nadie es capaz de dar motivos válidos ante ellos mismos para recoger la habitación, sólo cuando se dan cuenta de esto es cuando se cuestionan sus propias normas y algunos encuentran razones más válidas. ¿La habitación tiene que estar recogida? ¿Y si no? ¿Esos argumentos de convencen? ¿Con esos argumentos harías caso de buena gana a tu jefe? ¿Puedes no estar de acuerdo?

      Son sesiones de más de una hora que no puedo resumir aquí, pero te puedo adelantar que los padres suelen descubrir que intentan argumentar convenciendo a los chavales de que es bueno para ellos, cuando realmente son normas que están más relacionas con las necesidades de los padres. Son los padres quienes quieren ver la habitación recogida e intentan convencer a los hijos de que es bueno para ellos. Por eso no funcionan los argumentos, porque son mentira, son débiles, falsos y artificiales.

      Cuando los padres expresan los auténticos motivos es cuando el diálogo comienza a fluir.

      Cuando hemos practicado con las normas básicas, pasamos a los estudios. Los padres intentan explicar por qué estudiar es importante pero no saben acompañar a los hijos a descubrir por qué es importante para ellos mismos, desde sus intereses y convicciones. Es un proceso de cambio por el cual los padres descubren que lo que realmente sucede es que ellos (los padres) necesitan que sus hijos estudien y si quieren que los hijos lo hagan de buena gana pueden reconocer esto y/o cambiar el discurso para acompañar a los hijos a descubrir si necesitan estudiar.

      Para acompañar a descubrir esto, es necesario primero aceptar y legitimar la opinión del hijo, no rebatirla.

      El artículo no habla de argumentar y contra argumentar, sino de comprender, aceptar, legitimar y co-descubrir.

      Entiendo que en algunas situaciones el texto se quede corto, pero para la mayoría de padres, este es el primer paso hacia el cambio en el modelo de comunicación con los hijos.

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