Análisis del remordimiento y la culpa

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He estado pensando sobre el concepto de arrepentimiento y culpa. Esa situación en la que uno se siente culpable por algo que ha hecho y se castiga mentalmente una o mil veces. He salido a pasear y he tratado de dejar mi mente alejada de las opiniones para permitirme profundizar en una zona más próxima a los hechos que a las interpretaciones. Aquí dejo las conclusiones a las que he llegado. Hay cosas en mi vida que me gustaría haber hecho de otra forma y que, si pudiera, ahora cambiaría. Ya sé que es muy bonito eso de decir que no me arrepiento de nada y que son los pasos que me han traído hasta aquí. Yo no estoy ¿aún? en ese punto en mi vida y ahora mismo siento que hay cosas que me gustaría poder cambiar. Estaba pensando en ello y observando las emociones que rodean ese pensamiento. Son emociones o sentimientos de culpa y castigo. Mientras andaba, trataba de eliminar las capas de opinión e interpretación que suelen cubrir nuestro pensamiento. Tal y como haría con una persona en una conversación de Coaching Realista, observaba los sentimientos desde fuera, sin permitir que me arrastraran, así es mucho más sencillo tomar información de ellos. Sentía dolor y gran parte de ese dolor estaba provocado por mi propio castigo, porque yo me sentía culpable. Al fin y al cabo, eso es lo que se hace con los culpables en nuestra sociedad: castigarlos Entonces, comencé a preguntarme ¿Para qué es el castigo? ¿Para que no lo repitiera? ¿Para que aprendiera a actuar de otra manera? Si me fijo en alguna cosa en concreto, sé que ahora lo haría de forma diferente, entonces ¿Para qué habría de castigarme por algo que no haría ahora?

¿Tiene sentido castigar a un niño por algo que hizo si supieras con total certeza que no quiere repetirlo?

Lo bueno de este tipo de pensamientos de “auto Coaching Realista” es que no me quedo en si es bueno o malo sentir una cosa u otra, si es correcto, etc. Sólo descubro lo que hay e indago. Así, mi pensamiento no se engancha en sentimientos de culpa ni remordimientos o necesidad de castigo o vergüenza. Sólo sigo mirando buscando más información. Así, me he dado cuenta de que el castigo tiene como fin el cambio de conducta y este no tiene sentido cuando la conducta ya ha cambiado. He realizado un ejercicio mental y me he visto a mí mismo hace un tiempo, cuando realicé aquello de lo que me arrepiento. Este es un ejercicio que considero muy interesante para otras personas, así que lo he documentado de la siguiente forma:

1. Identifica algo que hayas hecho y por lo que ahora te sientas culpable. Busca un sentimiento de culpa, si no es muy grande mejor, para practicar con algo sencillo e ir cogiendo la habilidad.

2. Visualízate a ti en aquel momento o época de tu vida. Es muy importante que te nombres de forma que sepas que ese eras tú en aquel momento, no eres el tú de ahora. En mi caso, puede ser “Carlos joven” o “Carlos enero”.

3. Recuerda qué es lo que ese “tú” hizo, pensó, dijo o dejó de hacer y responde (si puede ser, escríbelo):

¿Qué otras opciones conocía? ¿Qué motivos tenía? ¿Para qué lo hizo? ¿Qué resultados esperaba? ¿Qué sentía cuando lo hizo?

… añade cualquier otro dato que consideres relevante para documentar la acción, el contexto, la elección, etc.

4. Fíjate en el tú de ahora, aquel que se siente culpable. Responde a esas mismas preguntas, pero respondiendo con lo que sabes y sientes ahora:

¿Qué otras opciones conoces? ¿Qué motivos tendrías ahora? ¿Para qué lo harías? ¿Qué resultados esperarías? ¿Qué sientes al pensar en hacerlo?

… responde a las otras posibles preguntas que identificaste antes.

 5. Y, finalmente, piensa ¿Qué harías ahora?

Haciendo este ejercicio he descubierto que no siempre la respuesta a esta última pregunta era diferente de lo que hice en su día. De nuevo, me centro en el descubrimiento sin detenerme en si tiene sentido o las valoraciones sobre si es correcto, ético, sensato, etc.. y esto me permite avanzar. Cuando la respuesta es diferente y, claramente sé que ahora haría una cosa distinta, me pregunto ¿Qué diferencia hay entre un caso y otro? Esta pregunta creo que casi siempre se puede responder con una generalidad: “Lo que sé ahora”. Así de simple.

Lo que ahora conozco y que antes desconocía es lo que me permite ahora elegir una opción distinta.

Ya sea porque conozco las consecuencias o porque identifico nuevas opciones, ahora actuaría diferente. Cuando he confirmado que esto es así y que ahora no soy el que era antes y, en consecuencia, mis actos no serían los mismos, mi necesidad de castigo sobre mí mismo se ha visto reducida. Yo no soy el mismo que actuó de aquella forma porque ahora, en parte gracias a lo que sucedió, pienso diferente. Soy otro. No es a mí a quien tendría que castigar, sino al otro y ese ya no existe. Como el niño que está apuntando con una escopeta a un gorrión y al disparar lo mata. Si ese niño queda horrorizado por lo que ha hecho y se da cuenta de las consecuencias, se transforma. No necesita un castigo. Es habitual que pensemos que debe ser castigado pero ¿para qué? ¿Para rectificar una conducta que ya no se va a producir? Igual que aquellos delincuentes juveniles que, años después, van a ser encarcelados cuando ya son adultos que han formado una familia y viven en total armonía con la sociedad. ¿Qué sentido tiene? Ellos aparecen en un programa de televisión y la sociedad pide su indulto. Estos castigos, tienen el mismo sentido que castigarme por hacer algo que en su momento consideré apropiado y que ahora ya no haría. Aquí aparece una nueva pregunta ¿Y si en su momento lo hice sabiendo que no era correcto? Y la voy a tratar de responder junto al siguiente punto ¿Qué sucede si en el ejercicio respondo que ahora haría lo mismo que hice entonces?

Cuando la mente y el corazón se enfrentan

Me mantengo en el supuesto de mi propia experiencia y sigo hablando desde la observación hacia mí mismo al decir que, a veces, sé que lo que hago no es correcto y aun así lo hago. No me refiero a actuar con mala fe, sino a que no consigo evitar cometer el mismo error. Haciendo este ejercicio con distintos ejemplos, me he dado cuenta de que, a veces, he reconocido que repetiría el mismo error. Que, sabiendo que no es correcto, haría lo mismo. He reconocido ante mí que, en un momento, no puedo evitarlo y, aun a sabiendas de que me iba a arrepentir, lo he hecho o he pensado que lo haría igual. Mantengo mi pulso (o mi relajación) para no opinar sobre lo que voy descubriendo y sigo indagando en lo que “es”, incluidas las emociones. Así descubro que, el castigo aquí tampoco tiene sentido porque ¿para qué voy a castigar mi ser? Es lógico cambiar la conducta pero no puedo cambiar mi ser. Hay veces que el corazón (las emociones, sentimientos o como lo quieras llamar) dominan mi mente y no consigo evitar ciertas cosas. Si quiero cambiarlas, no necesito un castigo, puesto que no es una cuestión de intención, sino de capacidad.

No es que quiera hacerlo así, es que no puedo hacerlo de otra forma. No necesito un castigo, necesito opciones.

Si en vez de emplear energía en castigarme, la empleara en buscar alternativas, habría más probabilidades de cambio en mi conducta. Tenga o no tenga éxito en este sentido, el castigo mental desde la culpa no tiene utilidad y, sobre todo, es injusto. Es como pegar a un niño por coger caramelos. O castigar a un perro por comerse una salchicha. Recriminar a Romeo por amar a Julieta. Regañar a alguien por sentir vergüenza. He visto (y vivido) cómo una persona puede sufrir por lo que va a hacer, sabiendo que se va a arrepentir y se va a castigar por ello. Es como si se comenzara a castigar desde antes de cometer el delito.

En ese caso, el castigo desde la culpa no funciona y, por lo tanto, es innecesario, injusto e inútil.

Nota: No sirva esto para justificar cuando alguien decide no cambiar escudándose en “yo soy así”. Ese es otro asunto que queda fuera de este artículo. Aquí recordé a muchos clientes que aprovechan las conversaciones de coaching para averiguar la forma de cambiar una conducta propia que no les gusta. En estos casos es importante comenzar por eliminar (o al menos reducir) el sentimiento de culpa, ya que esa forma de flagelarse mentalmente les está impidiendo pensar en cómo cambiarlo, pues sólo piensan en que lo han hecho mal y en castigarse. Así nos han educado y así nos hablamos a nosotros mismos. Cuando no hay más opciones Por último, hay otro motivo que por el que se puede responder con la misma acción en las dos partes del ejercicio y es que no se conocen más opciones. En este caso ¿para qué te castigas? Si no hay más opciones.

Conclusión

El castigo interior desde la culpa es un obstáculo para el objetivo que el propio castigo busca. Es, además, injusto, pues está castigando a la persona equivocada. Las consecuencias de aquello de lo que te arrepientes te han transformado y ya no eres el mismo, no puedes castigar a aquel culpable, porque aquel culpable no existe. Pero claro, necesitamos venganza y castigo. Necesitamos que alguien pague por lo que sucedió y descargamos nuestra ira sobre nosotros mismos. En este caso, actuamos como verdugo y sufrimos como víctima.   Este es el resultado de una hora de conversación conmigo mismo usando el método del Coaching Realista. Si crees que te puede ser útil esta forma de ver las cosas, habla con tu coach: carlos.melero@coachingrealista.com animateacomentar

2016-10-24T21:11:29+00:00

2 Comentarios

  1. Teresa 23/01/2014 en 23:43- Responder

    Tras una tarde de conversación interesante sobre los sentimientos de culpa, sobre lo que molesta y bloquea del otro y de uno mismo…Tras una tarde de intentar entender comportamientos, sentimientos propios y ajenos, es un placer llegar a casa y leer este buen artículo tuyo.Un buen cierre para una buena tarde de reflexión.

  2. Paolo 13/02/2014 en 01:14- Responder

    Muchas gracias Carlos!
    Últimamente me estoy proponiendo de identificar un coaching para “el niño interior” que cada uno llevamos dentro. ¿Porqué acabamos tratarnos con amabilidad y compasión (en el sentido más sinonímico a empatía)?
    Nadie desde los 3 a los 103 años “se porta mal” si tiene otras opciones más funcionales.

    (Y como animales sociales todo lo que genera más apreciación a nivel social, más consideración, más cercanía de los demás …”portarse bien” es sin duda más funcional como digo en este articulo http://coach2enjoy.wordpress.com/2013/10/21/educar-a-la-asertividad/ )

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