Hoy he leído que existe una campaña de recogida de firmas para conceder a Teresa Romero la medalla del mérito al trabajo. 

Tengo la sensación de que nuestra sociedad quiere premiar a quien padece y no tanto a quien actúa y resuelve.

Una muestra son los premios póstumos a toda una vida de esfuerzo o las medallas al mérito por ser víctima. Qué bueno habría sido recibir ese premio al esfuerzo en vida, y qué poco mérito veo en ser víctima pasiva de algo que preferirías no haber vivido. Esto último no es el caso de Teresa Romero, pues ella corrió un riesgo consciente, pero sí el de muchos otros reconocimientos a personas condecoradas por sufrir. 

En el caso de Teresa Romero, creo que tiene el mismo mérito ella que el resto de compañeros que compartieron su trabajo sin contagiarse. Puede ser que merezca más compensación por lo padecido, pero no creo que su trabajo tenga más mérito ella que sus compañeros.

Parece que tenemos la tendencia de confundir el reconocimiento al mérito con el consuelo por el daño sufrido.

Yo no quiero una medalla por algo malo que me sucede mientras voy por la calle ignorante a lo que me rodea.

A mis ojos tiene sentido ofrecer una medalla al mérito a quien acepta un riesgo por obtener un beneficio común o para otros, porque el mérito es haber asumido el riesgo. El mérito está en la voluntad. Si como consecuencia de un acto consciente el riesgo se materializa, tiene mucho sentido una compensación pero no tiene más mérito que el resto de gente que hizo lo mismo sufriendo menos daño.

[Tweet “Si el riesgo se materializa, tiene sentido una compensación pero el acto no tiene más mérito.”]

Cuando 10 personas deciden asumir el mismo riesgo para ayudar a alguien, todas ellas merecen el mismo reconocimiento a su decisión. Cuando una de ellas sufre las consecuencias, merece más compensación, pero su acción no tiene más mérito.

Sin embargo, lo que suceda después y cómo gestione la situación sí puede ser digno de reconocimiento. Existen muchos casos de victimas que han demostrado gran entereza y han realizado acciones dignas de alabanza pero por su actuación posterior. No por ser víctimas, sino por cómo han actuado siéndolo. 

Ser víctima no es un mérito y alimentar esta creencia fomenta que nuestros hijos aprendan a asociar el daño con el premio y el sufrimiento con la pasividad. 

Creo que todo esto es una forma de dar valor al victimismo y generalizar la sensación de que si te pasa algo malo, mereces reconocimiento, atención y consuelo más por ser víctima que por haber gestionado la crisis.

Aún nos extrañamos de que nosotros y los demás nos quedemos quietos ante lo malo que sucede en nuestra vida a la espera de que alguien nos rescate, en vez de ser los responsables de nuestra propia salvación.

Parece una cuestión cultural. 

 


Gracias por compartir en las redes sociales y por comentar. Me ayuda a dar más visibilidad a mi trabajo.

animateacomentar

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2016-10-24T21:11:20+00:00

Un comentario

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, en la vida hay que sufrir y más en una profesión (si es vocacional) sanitaria. Hay que enseñar a nuestros hijos, que hay ente que se deja la vida por los demás. Eso es amor a la profesión y al trabajo. Por otra parte no nos acordamos de los que de verdad mueren sin tener tratamiento. los medios de comunicacion, no lo tratan, hay una falta de valores en Occidente, nunca visto, es necesario fomentar esa educación en valores desde pequeños, responsabilidad de los padres y profesores.

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